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Jaén ha comenzado a recuperar la normalidad conforme se dislocaban las filas de la manifestación del mediodía, en la que, como poco, hubo 3.000 personas (los 7.000 que dicen los sindicatos parecen muchos). Por la tarde, buena parte del comercio funciona con normalidad y las terrazas aprovechan el magnífico sol de otoño. Una vez desvanecida la amenaza de los piquetes, la huelga pierde fuelle.
Los responsables políticos provinciales comienzan a hacer balance. El primero, Fernando Calahorro, que ofrece cifras de participación y destaca la ausencia de incidentes relevantes. El segundo, Paco Reyes, que destaca la actitud de los sindicatos. Son parte de la cadena de transmisión del régimen. El argumentario socialista del día (de la semana) es aparecer siempre con mensajes amables hacia la huelga y los sindicatos. Desde el presidente al último alcalde. Ya se encargarán otros de decir que se han vulnerado derechos y libertades en la jornada de hoy. La sensación es que la huelga es contra el PP, y no contra el Gobierno.
Curiosamente, la segunda parte de la correa de transmisión de este mensaje han sido los sindicatos huelguistas. En Jaén, los piquetes no han entonado ni una consigna contra el Gobierno de ZP hasta pasadas las diez de la mañana, cuando se iban ya del Corte Inglés. Y la consigna partía de los de CGT, recién aseaditos y frescos a esa hora de la mañana. Ni CCOO ni UGT (menuda paliza se han pegado los piquetes que comenzaron a dar guerra a las nueve de la noche) se han esforzado en cargar la mano contra el gobierno. No he podido escuchar la alocución de los líderes sindicales tras la manifestación. Pero durante la marcha, en las primeras filas no se ha levantado la voz. Por detrás, más radicales, Bódalo y sus jornaleros de Jódar, USTEA y otros sí lo han hecho. “Ya me gustaría, el sueldo de Zarrías”, cantaba la concejal Isabel Mateos desfilando por la Carrera.
Esparcida por el Paseo de la Estación, a la altura del edificio de la Junta, está la venganza de los funcionarios. Frente a los panfletos que han repartido los sindicatos, y frente a las perrerías que les han dicho cuando entraban a trabajar a las ocho, han tirado al viento cientos de papelitos contra CC OO y UGT.