Hace unos día recibí un correo electrónico de un lector que me pedía una exposición de los fundamentos del 29-S. Argumentaba que pese al bombardeo mediático, “seguía sin tenerlo claro”. Espero que este texto le ayude en algo.
Llegó el momento. Mañana a estas horas estaremos oficialmente en ‘estado de huelga’, una situación que, en principio, no debe ser incompatible con ir al curro. Hagamos una breve recopilación de las causas antes de intentar adelantar las consecuencias. ¿Por qué? La gota que ha colmado el vaso ha sido la reforma laboral, que marca un antes y un después en el mercado de trabajo de este país. Tres aspectos especialmente sensibles. Primero, el despido preventivo a partir de razones ‘objetivas’ como, por ejemplo, la estimación de que el negocio vaya a tener menos beneficios, con la apostilla de que el empresario no tiene que demostrar nada con papeles. Segunda, y relacionada con la anterior, la rebaja de las indemnizaciones para que los indefinidos ordinarios cobren 20 días por año en vez de 45, con la acotación de que de esos 20 jornales el patrón sólo tiene que aportar 12. Y tercera, el descuelgue del convenio, que significa modificar lo pactado en la negociación colectiva, incluidas retribuciones, en pos una mejora de la cuenta de resultados que evite, teóricamemte, daños mayores.
Pero en la convocatoria del 29-S se sustenta también en otros motivos. Al menos así aparace en la comunicación oficial formulada al Ministerio de Trabajo e Inmigración. El otro gran detonante es el decreto de recortes con el que el Gobierno quiere reducir el déficit público al 3 por ciento en 2013. El objetivo, que los mercados confíen en nuestra solvencia para colocar deuda y garantizar la financiación del Estado a unos costes, si es posible, bastante razonables. Los puntos más polémicos del ‘sablazo’, como fue descriptivamente bautizado el tijeretazo por parte del CSIF -que por cierto se ha desmarcado del 29-S-, son la rebaja del 5 por ciento de los salarios del personal de las administraciones y la congelación de las pensiones para 2011 -tan sólo subirán un 1 por ciento las mínimas-.
Y ahora vamos a anticipar qué cambios puede haber a raíz del 29-S. Pues a corto plazo posiblemente ninguno, aunque con este Gobierno nunca se sabe. De hecho, el presidente Rodríguez Zapatero ya anunció la semana pasada que todo seguirá igual. El mensaje ha calado. Tanto es así que una de las excusas más reiteradas de los que han optado por no secundarar el 29-S es que “esto es perder el tiempo y el dinero”. Ahora lo que está por ver es si la nueva normativa sirve para algo, fomentando la contratación y la estabilidad en el empleo, o se agrava todavía más la coyuntura, como vaticinan los sindicatos. Dependerá de cómo evolucione la economía.
Pues nada, que cada cual saque sus propias conclusiones.