Decía Aristóteles que el hombre es ‘zoon politikon’, una especie de animal social que, por mucho que intentara abstraerse, no podía estar ajeno a las cosas de la ‘polis’. Estoy de acuerdo con el de Estagira. Llevaba razón cuando lo afirmó, unos 350 años antes de Cristo, y también está plenamente vigente ahora, en la ‘era de la información’. La política, y sobre todo los llamados a desempeñarla, están ahí permanentemente, en el ‘candelabro’. Acabamos de tener cuadruple ración de ello: la crisis de Gobierno de ZP. No ha habido un solo segundo en las últimas veinticuatro horas en que no haya habido alguien disertando sobre el particular en internet, en las radios, en las televisiones… y también en los corrillos del café y en las tertulias de amigos. A destajo, todo dios dándole a la sinhueso.
Sí, de golpe y porrazo, todos nos hemos formado una opinión sobre la conveniencia e inconveniencia de la decisión adoptada por Pepe Luis Rodríguez Zapatero, que vive sus peores momentos desde que aterrizó en la Moncloa. Yo he escuchado de todo. Que si los que se van estaban quemados para la opinión pública -yo añadiría que alguno de ellos estaba achicharrado desde el mismo momento que cogió la cartera-, que si los que vienen conformarán un ejecutivo con más capacidad para comunicar y crear confianza, que si Rubalcaba se convierte ya en el ‘factótum’ de la ‘res publica’… Todo quisque teorizando sobre el particular.
Hasta yo, que alardeaba de converso, llevo dos párrafos y algo menos de una línea divagando sobre el temita sin llegar a ninguna parte. Pero como toca, pues aquí estoy, rellenando como un gilipollas un comentario que podía dedicarlo a cualquier otra cuestión menos mediatizada por ese lobo feroz llamado actualidad. Y es en este punto donde reivindico a mi admirado Lope de Vega. Ahí va: “Un soneto me manda hacer Violante,/que en mi vida me he visto en tal aprieto;/catorce versos dicen que es soneto:/burla burlando van los tres delante./ Yo pensé que no hallara consonante/y estoy a la mitad de otro cuarteto/mas si me veo en el primer terceto/no hay cosa en los cuartetos que me espante./ Por el primer terceto voy entrando/y parece que entré con pie derecho,/pues fin con este verso le voy dando./ Ya estoy en el segundo, y aún sospecho/que voy los trece acabando;/contad si son catorce, y está hecho./
Hasta mañana.