Mi compañera María Capilla de la Calle informaba oportunamente el otro día sobre el nombramiento de la linarense Concepción Gutiérrez como senadora del Reino de España por Andalucía. Recogía en su columna algunas notas sobre la trayectoria política de esta señora. Consejera de la Junta en dos ocasiones, secretaria de Estado de Transportes… Desde 1990, que se dice pronto, pisando moqueta y terciopelo. Y yo me pregunto ¿por qué? Y no me refiero al hecho de que esta señora, a la que no conozco de nada, ocupe un escaño en la Cámara Alta. Pregunto que ¿por qué esta mujer, al igual que otros muchísimos en el PSOE y en el PP, lleva dos décadas apoltronada en puestos que emanan de la representación popular? ¿Es que no hay otros? ¿No se cansan? ¿No tienen nada mejor que hacer?
No sé si les pasará a ustedes, pero a mi me aburre muchísimo ver siempre las mismas caras en los mismos sitios, con la alcachofa delante -hablando de sinergias, desarrollos y demás adagios vacuos- o comiendo canapés en esos copetines vergonzantes, pagados con dinero público ‘of course’, que siguen organizándose a pesar de la crisis. Igual estoy siendo un poco injusto y pudiera parecer que me las traigo con Concepción Gutiérrez, que supongo que será ‘Concha’ Gutiérrez por aquella vieja estrategia del PSOE de cambiar nombres propios por apelativos familiares. Pero ya me entienden. Hablo de ese apego irracional hacia el sillón, esa habilidad innata para salir siempre en la foto, esa falta de turnicidad en puestos que, aunque parezca lo contrario, no tienen carácter vitalicio.
Los partidos políticos, que articulan la participación del pueblo en las instituciones, se han convertido en grupos de interés donde unos cuantos ‘elegidos’ se perpetuan en los cargos durante décadas, beneficiándose de una serie de prerrogativas a las que muy difícilmente tendrían acceso en el ejercicio de sus profesiones. Y no se trata tan sólo de los sueldos, más o menos tres veces superiores a la media del jaenerito de a pie, sino a coches oficiales, chóferes, viajes, secretarios particulares… y todo un universo de glamur alimentado a base de presupuestos. Las personas son importantes porque abanderan las ideas, que de eso se trata, pero tengo clarísimo que los credos se marchitan cuando no hay renovación. Y qué quieren que les diga, ahora más que nunca hace falta abrir la ventana y que entre mucho aire fresco.