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	<title>Los aberrunchos | Patadón y tentetieso - Blogs ideal.es</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 08:20:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorgepastor2000</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>Hace unos días, deambulando entre los angostos pasillos de internet, repasando textos marcados como ‘favoritos’ en la memoria del pecé, me topé con un artículo de Francesc-Marc Álvaro, de La Vanguardia, con un título que me dejó un tanto azorado. ‘La década que nos dejó sin aliento’. Reflexiona Francesc-Marc sobre la actualidad desbocada de los diez primeros años del siglo XXI, desde el atentado hiperrealista de las Torres Gemelas a los efectos devastadores de una crisis que no entiende de indulgencias. Y lo hace desde el prisma de las emociones individuales y colectivas. “El bloqueo de las ilusiones”, resumía el periodista, “que también nos libera de ciertas congojas”. <strong>Y es que llevamos demasiado tiempo observando la cara más desabrida de la realidad</strong>. La del horror, la destrucción, el paro. No hay más que abrir el periódico o ‘enchufar’ el telediario para comprobarlo. Y lo peor de todo es que esta ‘negatividad por sistema’ nos está agriando el carácter. Nos hemos acostumbrado a vivir con la ingrata compañía de la tristeza.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Las cosas son como son. Sigue habiendo perturbados que se inmolan en las plazas públicas. Sigue habiendo terremotos que se llevan por delante miles de biografías. Y sigue habiendo cabrones que pinchan las ruedas de los coches y roban espejos retrovisores. Todo esto sucedía en 1999 y seguirá ocurriendo en 2012, en 2020 y si algún asteroide despistado no lo evita, es bastante probable que siga pasando de 2050 en adelante. El gran reto, ahora y siempre, es convivir con la incertidumbre, que no es moco de pavo, pero sin necesidad de acudir todas las mañanas al psicoterapeuta, retirarnos a las Seychelles o releer a Marcel Proust cuatro o cinco veces -con una va bien-. Es una meta complicada, qué duda cabe, pero factible con el apoyo de los demás. <strong>A veces basta con un simple abrazo. Un simple roce. Una simple caricia</strong>. Lo tengo clarísimo. Hacen falta almas candorosas dispuestas a arropar. Como el grupo de chicas que este sábado ofrecían apretones de balde a los que subían y bajaban por el Paseo de la Estación o como un señor llamado Aberroncho que, al parecer, despacha achuchones por doquier en un simpático programa de televisión.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>El mundo necesita muchas chavalas como las del Paseo de la Estación y también muchos aberronchos. Y además los precisa rápido, de forma urgente. No hay más tiempo que perder, que ya llevamos 4,5 millones de años haciendo el bobo y amargándonos la existencia. No hace falta ninguna formación. Tampoco estudiar oposiciones. Basta <strong>con tener dos brazos -incluso con uno podría valer-, voluntad y un poco de generosidad</strong>, requisitos compartidos por la mayoría de los mortales. Y lo mejor de todo es que también hay un amplísimo mercado donde elegir. Millones y millones de seres taciturnos que viven con la palabra melancolía escrita en el rostro. Se les identifica fácilmente. Tan fácil como que a veces basta con mirarse al espejo y descubrirse a uno mismo. Hagan la prueba. Abracen y déjense abrazar. Posiblemente el espejo les devolverá entonces la imagen de una persona con una mirada distinta.</p>
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