Que el paro suba mucho en febrero no es algo excepcional. Antes de la crisis subía ‘mucho’ y ahora, en plena crisis, sube ‘muchísimo’. Ya se imaginan. La aceituna. Se trata de la campaña agrícola en la que se concentra una mayor demanda de mano de obra en menor periodo de tiempo. El campo genera mucho trabajo pero, una vez finalizada la recolección, la inmensa mayoría de esos jornaleros regresan a donde vinieron. O sea, a la cola del Servicio Público de Empleo (SPE). Por eso Jaén encabezó el aumentó del desempleo el mes pasado. La cifra de demandantes creció en 8.402 personas, lo que significa un 15,9 por ciento más que en enero, cuando el globo ya comenzó a desinflarse –la variación positiva ya fue del 9 por ciento respecto a diciembre–. Hasta aquí llegaríamos si nos quedáramos con la fotografía estática. Pero el análisis conviene hacerlo de forma dinámica pare ver, realmente, donde estamos y que está pasando en el mercado laboral de Jaén. Y lo que está ocurriendo es que más allá de los dientes de sierra provocados por la ingente tarea de recoger el fruto de 66 millones de olivos, lo cierto es que si nos fijamos en el último año, Jaén figura igualmente como la provincia que más parados suma, salvando la excepcionalidad de Ceuta. El SPE cuenta ahora con 9.485 inscripciones más que hace doce meses. Un 18,32 por ciento más en términos relativos. Ahora mismo se contabilizan la friolera de 61.266 jienenses ‘sin oficio ni beneficio’, lo que traducido a términos EPA nos sitúa ya probablemente más cerca de los 100.000 desempleados que de los 90.000. Éste es ‘el mar de fondo’.
Pero conviene seguir leyendo la letra pequeña. Si seguimos cotejando la situación actual con la de hace un año, observamos que hay un número considerablemente mayor de parados en todos los sectores, la mejor evidencia del enorme deterioro de la economía de Jaén. Detengámonos en la agricultura por su peso en las cuentas del territorio –aporta el 9,2 por ciento del Producto Interior Bruto de Jaén– y porque es clave para la subsistencia de la mayoría de municipios. Hemos pasado de 7.775 desempleados en febrero de 2011 a 9.451 en febrero de 2012. Un 21,6 por ciento más. ¿Por qué? Pues tan sólo hacen falta cuatro ‘clicks’ en el ordenador para entenderlo. Echamos un vistazo a la página del Pool Red y rápidamente encontraremos la solución. A pesar de que el precio del aceite ha mejorado unos diez céntimos esta semana, el kilogramo se cotiza a unos paupérrimos 1,77 euros. El producto del que comen de forma principal o secundaria unas 110.000 familias de Jaén presenta una depreciación crónica desde hace tres años. A los agricultores no les salen las cuentas y han optado claramente por recortar gastos, empezando por el capítulo de personal. Sí, han precisado muchos brazos para las tareas de recogida, pero han minimizado las labores de mantenimiento –ahí está la caída de ventas de fitosanitarios para comprobarlo–.
Otra señal evidente de la atonía de la actividad productiva es el volumen de contratos. En los dos primeros meses se contabilizan 95.512, cuando en idéntico intervalo de 2011 se computaban 128.913. Un 25,9 por ciento menos. Y lo peor de todo es que esta inactividad, que tendrá lógicamente su reflejo en el Inem, irá a más en el corto plazo. Así lo reconoce el Gobierno en sus previsiones marcroeconómicas para 2012 –estima 630.000 desempleados más– y en el propio texto del real decreto de reforma laboral, publicado en el Boletín Oficial del Estado, y así lo entienden también los sindicatos, que han montado tres manifestaciones en un mes –la próxima será el día 11– y que el jueves que viene convocarán oficialmente una huelga general para el 29 de marzo. La musiquita ya les sonará. Las empresas que encadenen tres trimestres consecutivos con menos ingresos podrán despedir por el equivalente a veinte días y doce meses, un escenario más que probable para sociedades mercantiles y negocios de autónomos en un contexto de recortes y de caída del consumo. La patronal CEOE ha mostrado su confianza en que en un plazo de entre seis y nueve meses la nueva normativa laboral, que entró en vigor el 12 de febrero, empiece a tener efectos benéficos.