Se preveía que iba a pasar y sí, está sucediendo. Una especie de “psicosis” se ha apoderado del mercado del aceite de oliva y los precios siguen subiendo a razón de un 7 por ciento semanal. Tanto es así que, a tenor de las cotizaciones diarias del Pool Red, el kilogramo se cotizaba hoy a un promedio de 2,36 euros, ya en ese famoso umbral de los 2,20-2,40 euros que marcan la rentabilidad para la generalidad de las plantaciones de la provincia jienense. La tendencia al alza se ha acentuado en la medida que se confirma que la próxima cosecha será muy baja y que puede haber incluso problemas eventuales de abastecimiento. Hay operadores que apuntan que se podría llegar a los 3 euros si las cooperativas y almazaras fueran reticentes a la hora de vender en los próximos meses. Y es que todas las organizaciones agrarias coinciden en que la próxima recolección será un 70 por ciento inferior a la precedente, una reducción que será incluso mayor en algunas comarcas. Habrá que esperar a los datos oficiales de la Junta para comprobar cuánto hay de verosímil en estos cálculos.
Pero ¿quiénes están detrás de este movimiento? Pues durante las tres primeras semanas de agosto se registraron operaciones con un fin claramente especulativo en las que participaron, incluso, agentes que nada tienen que ver con el sector oleícola. Comprar barato ante la expectativa de que en el corto plazo el producto valdrá más caro. Negocio asegurado. Es muy sintomático que la negociación en el Mercado de Futuros del Aceite de Oliva se haya multiplicado respecto a la media del ejercicio. Pero los grandes distribuidores, que hasta ahora se habían limitado a retirar partidas adquiridas meses atrás, también han pasado a la acción. La semana pasada se estaba ofreciendo 2,45 euros por el kilogramo de virgen y 2,40 por lampante. Nada que ver con aquellas operaciones a 1,60 euros de mayo e incluso junio.
Las cuentas que se hace todo el mundo en estos momentos son las siguientes. Se da por hecho un “stock” que apenas llegará a las 600.000 toneladas. A ello habrá que sumar una producción de 800.000 toneladas según las expectativas más optimistas. En total, 1.400.000 toneladas. Con este “genero” habría que hacer frente a una demanda interior y exterior de 1.200.000 toneladas. Es decir, estaríamos ante un enlace de 200.000 toneladas, una cifra bajísima que desencadenaría tensiones muy fuertes en caso de que no llueva en invierno y primavera y el potencial productivo de los olivos no se recupere.
Son planteamientos a medio plazo, pero que tienen una enorme repercusión en el presente. Además, se da la circunstancia de que en el resto de países productores tampoco se observa una situación excedentaria. Todo lo contrario, en la última reunión del Copa-Cogeca los italianos adelantaron que generarían un 10 por ciento menos. Todo ello limita aún más las posibilidades de aprovisionamiento.