Sí, es cierto. La realidad supera en muchas ocasiones a la ficción. No hace falta más que enchufar la televisión y ver el telediario. ¿Y qué decían los noticieros ayer? Pues el de la tres de Antena 3, por ejemplo, sacaba un mapita de España con tres provincias destacadas en color rojo chillón. Una era la ciudad autónoma de Ceuta, otra Jaén y la otra Almería. Son las tres campeonas absolutas del desempleo en la piel de toro: Ceuta, con una tasa del 41,03 por ciento; Jaén, con un 39,13 por ciento; y Almería, con un 38,44 por ciento. Nuevamente la realidad, en efecto, superaba con creces a la ficción. Faltan adjetivos para calificar los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre. Las matemáticas hablan por sí solas. La cifra de personas sin trabajo se han incrementado en 85.000 en España. De todas ellas Jaén aporta la friolera de 8.000. Cerca del 10 por ciento. Una auténtica sangría que está hundiendo, a su vez, la endeble economía de Jaén. Ya se escucha alguna voz que apunta a la necesidad de olvidarse de enfrentamientos partidistas y que los gobiernos central y autonómico consideren la realidad de Jaén y arbitren políticas de discriminación positiva para frenar esta auténtica escabechina.
Y es que el deterioro de la coyuntura parece no tener fin. Exactamente la misma percepción que había un año atrás. Hace un año nadie pensaba que se llegaría a los 100.000 desocupados. Se llegó. Y también hace un año nadie creía que se barajaría de 200.000 ocupados. Se bajó. ¿A dónde estamos en estos momentos? Pues en 115.200 paisanos sin trabajo y en 179.200 trabajando, según las magnitudes de la EPA conocidas este viernes. La realidad supera otra vez a la ficción. Y lo más preocupante está por venir. Visto lo visto, no resulta descabellado pensar que, si no se adoptan medidas contundentes a corto y medio plazo –el presidente de Diputación ha pedido una reunión de urgencia con la ministra Fátima Báñez–, se pudiera equiparar en 2014 el número de jienenses que están con empleo y sin empleo –sin contar, lógicamente, a los inactivos–. A tenor de lo apuntado anteriormente y con la constatación de que los escenarios más pesimistas casi siempre se superan, igual no es ninguna exageración. En principio las expectativas del Gobierno son que en el segundo semestre de 2013 haya un cambio de tendencia, una percepción en línea con las manifestaciones formuladas por el ministro Montoro en el debate de presupuestos celebrado esta semana. El ejercicio 2013 será el último de recesión, dijo.
Hay muchas razones para pensar que el panorama se puede complicar –y mucho– de aquí al verano de 2013, cuando el Ave Fénix, cuyas alas son paradójicamente del mismo color que la bandera española, comience a remontar el vuelo. Uno de estos motivos es estructural. Los ritmos de crecimiento nacionales nunca fueron los provinciales. Sucedía en la época buena –incluso si comparamos con el resto de la comunidad andaluza– y también ha venido ocurriendo durante este lustro ominoso. Pero cuando el problema se puede hacer más patente es en los próximos meses. El porqué lo anticipó el consejero de Agricultura, Luis Planas, en su visita a Jaén del pasado lunes para presentar las estimaciones para la próxima cosecha. El agotamiento de los olivos, después de tres años de campañas récord, la sequía del último invierno y una floración débil reducirán la producción de aceite de oliva un 75 por ciento. Hay un 75 por ciento menos de fruto en los árboles, lo que tendrá una incidencia nefasta sobre la demanda de mano de obra, que menguará en unos 4,2 millones de jornales. Éste es el quid de la cuestión.
Posiblemente la EPA que se conocerá en enero, correspondiente al periodo octubre, noviembre y diciembre, será la peor que se recuerda. La nivelación estadística no se producirá y entonces ya sí nos encontremos muy cerca de una situación de verdadera emergencia social, aunque muchos defienden que ya nos hallamos en este estadio. Aquí es donde entra en liza el factor ‘economía sumergida’. Un reciente estudio realizado por profesores de la Universidad de Jaén revelaba que el 25 por ciento del dinero que se mueve en Jaén escapa al control del fisco y la Seguridad Social. Esto explicaría que con un 39 por ciento de parados, de los cuales uno de cada tres lleva más de un año fuera del mercado laboral, no haya una conflictividad mucho mayor.