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	<title>Patadón y tentetiesohipoteca &#8211; Patadón y tentetieso</title>
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		<title>Mamá ¿por qué lloras?</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Apr 2011 23:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorgepastor2000</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;¿Qué te pasa?, ¿por qué lloras?&#8221;, preguntaba insistentemente la pequeña Marina a su mamá, Isabel, que se afanaba en enjugarse las lágrimas con el puño de la camisa. &#8220;Nada, hija, no pasa nada, acábate el desayuno que llegas tarde al cole&#8221;, le respondía con aparente serenidad. Marina, con apenas ocho años recién cumplidos, no lo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;¿Qué te pasa?, ¿por qué lloras?&#8221;, preguntaba insistentemente la pequeña Marina a su mamá, Isabel, que se afanaba en enjugarse las lágrimas con el puño de la camisa. &#8220;Nada, hija, no pasa nada, acábate el desayuno que llegas tarde al cole&#8221;, le respondía con aparente serenidad. Marina, con apenas ocho años recién cumplidos, no lo entendía. No comprendía que, de dos semanas a esta parte, su madre, de normal alegre, gimoteara con tanta frecuencia. Unas veces lo hacía en el cuarto de baño, con el pestillo echado. Otras delante de la televisión. En ocasiones en plena calle. &#8220;¿Por qué estás tan triste?, le inquiría una y otra vez buscando explicación a tanta melancolía. La contestación siempre era la misma: &#8220;No te preocupes, pichona, cosas de mayores&#8221;.<STRONG> Marina, que había heredado de Isabel el talante jovial, fue perdiendo poco a poco la sonrisa. Dejó de jugar en el patio. Se despistaba con facilidad. Su rictus complaciente se tornó adusto</STRONG>. Y, al igual que Isabel, también sollozaba a escondidas. También sufría.</p>
<p>Hasta aquella noche de viernes. <STRONG>Marina, harta de tanta mentira, se ocultó con sigilo debajo del lecho de sus padres</STRONG>. Y aguardó a que se acostaran. Por si acaso. Para que nadie la echara en falta, acomodó la almohada cuidadosamente debajo del edredón, emulando su cuerpo. Lo había visto en aquella película de princesas que tanto le fascinaba. Pocos minutos después de que el reloj de péndulo marcara las once, Isabel y Alberto ya estaban el en cuarto. Se acabaron los pretextos, las excusas. Ahora tendría la oportunidad de enterarse de todo. </p>
<p>&#8220;Nada de nada, imposible convencerlo&#8221;, narraba Alberto malhumorado mientras se desanudaba la corbata. &#8220;He utilizado todos los argumentos, que si estoy a punto de encontrar trabajo, que si tú estabas fregando escaleras, que cómo podían echarnos de nuestra casa con una cría de ocho años y sin un puto techo en el que cobijarnos&#8221;, relataba Alberto mientras Isabel, manojo de nervios, no paraba de darle vueltas a una carta que había llegado aquella misma mañana. &#8220;Pues mira este certificado, es del juzgado; no he podido ni tocarlo&#8221;, espetó Isabel. Alberto se aproximó con templaza hasta su esposa. Abrió el sobre. Y comenzó a leer la misiva. <STRONG>&#8220;Hasta el martes, nos dan hasta el martes&#8221;. </STRONG>Isabel comenzó nuevamente a llorar. Alberto también. Un cuarto de hora después se hizo el silencio. Media hora después, la oscuridad. Mientras tanto Marina, agazapada, contenía la respiración para seguir pasando inadvertida. Esperó pacientemente a que sus progenitores durmieran. Reptando como una lagartija, ganó la puerta y volvió a la cama. Ya lo sabía todo. &#8220;Nos echan de nuestra casa&#8221;.</p>
<p>A la mañana siguiente la actividad en el hogar de Marina, Isabel y Alberto era frenética. Nada que ver con aquellas tranquilas caminatas sabatinas por el parque, ella, Marina, deslizándose graciosamente con los patines y ellos, los papás, observándola en la lejanía mientras paseaban con los brazos entrelazados. &#8220;Mami, por qué metes toda la ropa en cajas de cartón ¿es que nos vamos de viaje?&#8221;, interpeló Marina, consecuente con lo que estaba sucediendo. &#8220;No, Marina, es que vamos a hacer reformas y tenemos que irnos durante un tiempo&#8221;, replicó. &#8220;Ya verás qué bonito se va a quedar todo cuando regresemos&#8221;. Marina calló durante unos segundos, dudando entre terminar con aquella farsa o continuar fingiendo. <STRONG>Fue en ese momento, justo en ese momento, cuando Isabel se dio cuenta de que Marina era perfectamente consciente de la patraña</STRONG>. Jamás volvieron a hablar del asunto. No hizo falta.</p>
<p><STRONG>Nota.</STRONG> Esta historia es fruto de mi imaginación. No lo es, sin embargo, la cruda y dolorosa realidad. Cada día tres familias de Jaén pierden su vivienda por la imposibilidad de hacer frente al pago de la hipoteca. </p>
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		<title>Murphy, qué cabrón</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Mar 2011 09:16:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jorgepastor2000</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>La realidad, siempre tozuda y un pelín cabrona, vuelve a dar la razón a Murphy. Sí, Edward A. Murphy Jr., un señor que no era de Santisteban del Puerto ni de Noalejo -tampoco ningún miembro de su familia, que se sepa-, <STRONG>pero que a mediados de la pasada centuria formuló una teoría que podría explicar muy bien lo que está pasando en Santisteban, Noalejo, Alcalá de Henares, Reus y en cada uno de los 8.000 municipios de la sacrosanta piel de toro</STRONG>. &#8216;La tostada siempre cae por el lado de la mantequilla&#8217;. Aunque por aquello de que estamos en tierra de olivos, quizá lo políticamente correcto sea decir que &#8216;la tostada siempre cae por el lado del aceite de oliva virgen extra&#8230; que se vende a precios de ruina&#8217;. Esto último, obviamente, es licencia de un servidor.</p>
<p>En efecto, según el ingeniero Murphy, &#8216;si algo puede salir mal, saldrá mal&#8217;.<STRONG> Y es que casi cuatro años después de que el sistema zozobrara, resulta muy difícil que todavía podamos ir a peor</STRONG>. Al menos si nos centramos en el microcosmos de Jaén. Que sí, que ya me conozco la película, que es cierto que Jaén se incrusta en un país y en una comunidad autónoma, que no camina en solitario -cada vez lo dudo más-, que las cosas irán mejor o peor en función de cómo evolucionen los acontecimientos ahí fuera, pero también es igual de cierto que presenta una serie de vergonzantes rémoras derivadas de su retraso secular no menos vergonzante -a estas alturas del psico thriller estamos todavía 30 puntos por debajo de la renta de la Europa de los Quince-.</p>
<p>Esta última semana de horribles terremotos, convulsiones y jarros de agua fría sobre la marcha de la economía -he estado tentado meter en la lista también la visita Pepiño, el ministro que no admite preguntas de los periodistas- se han conocido un par de noticias que complican aún más la delicada tesitura de las familias más afectadas por la crisis y también de las que se libran por ahora de la escabechina, pero pierden poder adquisitivo a pasos agigantados. <STRONG>El bestial encarecimiento de la gasolina y las hipotecas restan ya, a partir de este mes, otros 75 euros de capacidad de gasto</STRONG>. Un palo mayúsculo si tenemos en cuenta que llueve sobre mojado y si tenemos en cuenta también que el salario bruto en Jaén, por ejemplo, es de unos misérrimos 1.116 euros, el más bajo de España -palabrita del Niño Jesús y de la Agencia Tributaria-.</p>
<p>A tragar saliva.</p>
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