Ya lo dijimos hace algunos comentarios, que el puesto del Defensor del Ciudadano, otro de los flamantes inventos de la Ley de Grandes Ciudades (con actitudes pequeñas), estaba gafado, que al que lo quiere no se lo dan, por mucho que pase todos los días por el Ayuntamiento a ofrecerse en bandeja de plata, y que a quien se lo dan no lo quiere. El caso es que Juan Antontio Rivas, veterano comunista y candidato efímero a adalid del ciudadano, se “lesionó antes de salir al campo”. [Esta frase se la dijo Fuensanta Coves a Torres Hurtado en campaña cuando se supo que la Expo de 2012 no podía ser].
Durante cinco días, el gobierno municipal intentó salvar la situación como pudo… pero no pudo. Lo último fue una reunión entre los portavoces de los tres grupos minutos antes del pleno. Rivas examinó la situación, vio como está el patio, y entonó aquello de ‘vini, vidi… y fugati’ antes de morder la ratonera de los cargos sin sueldo, que el orden de los sumandos altera sobremanera el producto.
Los vecinos no tienen quien les defienda en esta ciudad atorada de zanjas, de pensamientos encontrados, de grandezas descacarilladas, de mes de las flores en los balcones y en los jardines; flores, flores, muchas flores, que así se les pide perdón a las mujeres cuando se mete la pata. Y ya estoy viendo demasiada decoración floral por las calles.