Las deudas no se pagan de palabra, así que de poco les servirá a los nuevos alcaldes denunciar de boquilla el agujero con el que se han topado en los ayuntamientos. Los regidores del PP se han encontrado que de las arcas municipales se habían dado el piro hasta las arañas. Hoy han sido los de Gójar y Cenes los que han hecho público que tienen menos fondo que una lata de sardinas y mañana serán otros.
Los alcaldes que repiten -y están callados- también deben, aunque hasta que no pierdan unas elecciones no sabremos cuánto.
El PP vive ahora su mejor momento, porque puede seguir ejerciendo de oposición aunque ya sea el gobierno. Pero cuando nos hayan convencido de lo malo malísimo que eran los socialistas tendrán que empezar a gestionar un patrimonio que ellos mismos se han encargado de desvelar que es raquítico. Aquello de así vas a vender el burro enseguida.
Y a Sebastián Pérez le llegarán sus alcaldes a pedirle que les rescate con el dinero de Diputación. Al tiempo, que no mucho.
Uno de los primeros será el de un pueblo que -me dicen- todavía no ha pagado la nómina del mes de junio, 350.000 euros de nada si se compara con la deuda del Ayuntamiento, que según cuenta puede rondar ya los 15 millones.