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Quico Chirino Núñez

Rumore Rumore

Un paréntesis. Perdonen que les moleste

Anoche llegué narcotizado por las miserias humanas más que por el vino, que apenas si me hizo efecto. Eché mano del libro de artículos de Antonio Avendaño, al que acudo cuando soy incapaz de alumbrar un argumento sobrio por mi mismo. Siempre me detengo primero en la dedicatoria: ‘A Marga, novia de arena y a mí mismo, por si acaso’. Sencillamente genial; que uno tenga la modestia suficiente como para resguardarse las espaldas antes de recibir la puñalada. Y en el primer artículo del libro encontré lo que estaba buscando para comprender por qué se han cometido tantas desfachateces en algunas informaciones publicadas sobre el ‘caso Beatriz’. Efectivamente, Antonio, el secreto sumarial entró en la democracia por la puerta grande y los periodistas lo hemos convertido en un putón judicial, con la ayuda de abogados, jueces y policías. De otra forma no se entiende que por un puñado de ejemplares se saquen titulares sensacionalistas. No bastaba con saber que Beatriz había muerto, era necesario revelar sin escrúpulos que había sido violada y mancillada hasta el último segundo de su vida, o tal vez después de muerta. Lo mismo se sacan titulares inculpando al asesino acompañados con la foto del inocente -tanto monta, monta tanto-; que se airea el semen de los desconocidos antes de saber si guarda relación con la muerte. Y todo sale de los despachos de jueces, abogados y policías, que tuvieron una flor en el culo el día en el que al supuesto asesino se le ocurrió usar el móvil de la víctima, sin saber que el yonqui más cretino estuvo a punto de diseñar el crimen perfecto. Lo peor es que en esta casa de putas todos somos iguales. Y que hasta el más miserable de los asesinos tiene derecho a su defensa. Y después que se pudra.

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marzo 2006
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