Uno ya no sabe si el urbanismo -los huevos de oro de la política pícara- fue antes que la gallina de la corrupción o a la inversa. Tampoco creo que este invento de los apaños sea tan moderno; seguramente su práctica sea tan antigua como la condición humana, sólo que hace años se tenía por asumido que ciertas dosis de corruptela iba en el cargo. Ahora, por suerte, la honestidad reina en estas plazas, salvo excepciones que cada vez lo son menos. Las influencias valen lo mismo ya permitas a tu primo levantar un bloque de seis pisos en mitad el campo o así coloques a tu cuñada de limpiadora.
Pero en la actualidad, los vecinos se coscan y todos tienen alma de agente secreto y de fiscal. Hace unos días recibí una llamada de un ciudadano anónimo que me desvelaba otra supuesta ilegalidad urbanística en un pueblo del área metropolitana. Los protagonistas son los de siempre: un relevante político del municipio y un familiar que edifica donde no se puede. Parece que algo hay, y no sería la primera vez. Pronto tendrán noticias.
Hoy nos dedicamos a alimentar el rumor sin mayores pruebas a ver si levantamos este muermo de blog.