Ha llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre, porque distinto es la solidaridad de hacer el capullo. Que uno ya está harto de ser caritativo con gente que, a la postre, termina viviendo mejor que yo. Lo siento, pero le he dado vacaciones a mi buen samaritano porque ultimamente estaba insoportable.
La Junta anunció una rehabilitación integral de Almanjáyar, donde miles de personas viven en pisos que son propiedad del gobierno andaluz y que están hechos una pocilga. El plan consiste en hacer viviendas nuevas y que las familias sigan viviendo donde siempre por un alquiler simbólico. No estoy en contra de una reforma solidaria e incluso paternalista de la zona Norte para acabar con el gueto, aunque a mí la Administración no me ayude a pagar la hipoteca.
Hay clases sociales más desfavorecidas, a las que la vida les ha dado menos oportunidades. Y no me refiero a la situación económica, que aquí están peor los jóvenes recién licenciados que nunca han roto un plato; pero a menudo se puede caer en la marginalidad con los bolsillos repletos.
Pero me cuentan que, a raíz de conocerse el plan de la Junta, muchos han llegado pegando una patada en la puerta, ocupando casas que habían abandonado o echando a sus inquilinos, con la pretensión de optar a uno de esos pisitos de gañote.
Lo más deleznable es que se formen grupos espoleados por cabecillas con afinidades políticas demasiado claras y marchen en señal de protesta ante la sede de la Junta a pedir una vivienda digna. Precisamente ahora, qué casualidad. Y entonces salga este señor, el mismo que alborotó un pleno municipal que tuvo que desalojar la Policía, y reclame pisos nuevos para los pobres gitanicos; que usado así es el racismo a la inversa, echar mano de la supuesta discriminación para salir ganando. Y anuncia una huelga de hambre en solidaridad con los más desfavorecidos, porque ellos tienen derecho a una casa que no huela a estercolero, donde las ratas no te digan buenos días al salir de la ducha. Pisos gratis en Almanjáyar, a 500 metros de donde se venden lujosas promociones a 180.000 pesetas el metro cuadrado. Pobrecicos. Uno no sabe muy bien si está siendo solidario o si en realidad esrtá haciendo el capullo.