Ahí te dejo, Granada, con las pirañas de siempre, con los tormentos eternos; esperando el auto del fiscal sobre el Parque Nevada, la enésima reunión para desviar el Beiro, un río sempiterno en las trifulcas estériles aunque esté medio seco. Beiro de mis amores, que ni los patos te quieren, que te sucede lo mismo […]