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Quico Chirino Núñez

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El caso Marbella

Posiblemente hoy se disuelva el Ayuntamiento de Marbella. Es previsible que pocos días después aparezca el consejero de Turismo, Paulino Plata, como garante de la libertad y de la democracia, candidato en ciernes del chavismo que todavía no se aclara por qué dejó que Marbella se le fuera de las manos, por qué tardó casi un lustro en impugnar la primera licencia de la era Gil, ésa con la que se levantan hoteles sobre la tierra quemada. El ‘caso Marbella’ es paradigma de un juicio mediático, con el riesgo que entraña que hasta Kiko Matamoros haga periodismo de investigación; como si esta -cada vez menos- noble profesión de juntar letras no tuviera sus códigos internos que hay que conocer antes de abrir la boca. En el programa de televisión de Telecinco TNT, que se emitió anoche, la colaboradora Karmele Marchante implicó en el fraude marbellí a un conocido empresario granadino. Lo hizo con la misma soltura con la que habla de cuernos, toreros y ‘chulo putas’. La presunción de inocencia se la pasó por el oropel de su entrepierna. Dijo su nombre con la misma ligereza con la que se airea el último romance de Pepe Navarro, con la diferencia de que los meapilas de la salsa rosa tienen obligación de tragar carros y carretas porque subsisten gracias a la sopa boba. Karmele dijo el nombre de este conocido constructor grandino, con residencia en Marbella, y lo vinculó a la construcción de dos urbanizaciones ilegales, supuestamente, ayudado por los ‘giles’.

Ahora vendrá Paulino Plata, ex alcalde latifundista de Antequera, y pondrá orden en el casino marbellí. Qué pena que a Kiki Díaz Berbel no le dejen ser el candidato del PP en Marbella, como ha comentado en alguna ocasión, para que la Costa del Sol recupere todo el glamour perdido.

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